30 jun. 2010

Homenaje:

Lo que el amor te ha dado, contigo debe quedar.

L. Cernuda.

HOMENAJE:

Una vez, en el canasto de los hilos, que olvidaste al morir, bajo tu cama, encontré un tesoro. Un hueso de melocotón reseco.

Creo que saqué de ti esta afición por guardar flores mariposas muertas y plumas de pájaro en todos los libros. Luego las encuentro plisadas, a veces, pegadas a un recuerdo, otras, son simplemente flores, que sin una historia quedan en un olvido seco y ordinario; como las personas que también sin una historia son sólo una unión grotesca de piel y esqueleto.

Pero volvamos a tu vida.

Alguna vez, me siento delante de los botes de conserva, que quedaron en un rincón de la alacena, ordenados por riguroso orden de edad, 3años, 2años, 1año. También tienen su magia. Empezó hirviendo 20 minutos en un latón negro, a la lumbre del corral. Mantenías un constante el bailar del fuelle entre tus manos, pero tus ojos estaban en un lugar distinto más allá de la huerta; tal vez a la sombra de aquellas espadañas que se veían junto al río.

Otra vez encontré una ramita de lavanda salvaje guardada en un pequeño tarro de foi-gras, entre tus mandiles.

“Sólo una vez vi el mar”… decías.

“Una vez” puntualizabas siempre.

“Sólo una vez”: Pero ¿dónde?, ¿con quién?

Qué hermoso pensar que es el sol el que decide cuándo debe morir la primavera. Y que… retener ramitas entre las hojas de un libro es retener su decadencia inevitable, guardar lavanda es añorar el armario en el que abandonó su aroma, y esconder un hueso de melocotón es recordar la suave piel que lo cubrió y amar de nuevo las manos que lo pelaron.

Los pequeños secretos de tu historia te los llevaste a la tumba, y yo… te lo agradezco.

Sólo así puedo crear una leyenda magnífica de amores imposibles en mi locura… a partir de un hueso de melocotón olvidado en tu caja de costura.

28 mayo 2010

28 jun. 2010

Deberes para el verano

Olvidar que pasé de ser escuchada a ser el barro de sus botas.
Olvidar la necesidad de las conversaciones pendientes.
Olvidar que se quemó al sol por esperarme una tarde junto al río.
Olvidar sus manos y sus ojos.
Olvidar que se fue y regresó al tercer día…
Olvidarme de levantar la cara cada vez que la caracola me traiga su olor.
Olvidar mi frase zen.
Olvidar en un cajón los discos.
Olvidarme del teatro.
Olvidar el camino al balneario.
Olvidar Celorio, el sonido de los bufones y el artista de la alambre.
Olvidarme de que he perdido mi estrella del sur. ¿La habéis visto?

Olvidar la canción de Fito aquella vez…
Olvidar que una tarde entera desapareció de su vida y fue sólo mío.
Olvidar los ojos de aquel halcón de cetrería…
Olvidarme de regar la semilla de Ons.
Olvidar en que libro están plisadas las campánulas silvestres que me regaló en “el lago de los peces”.
Olvidar los celos que me dejaron frustrada, inquieta y confusa.
Olvidar que “para que el alma tenga arcoíris, los ojos han de tener lágrimas”
Olvidar un rencor, que ni entiendo ni merezco…
Para olvidar he de morir… ¡otra vez!
(Me voy, y mi único equipaje son los recuerdos que abandonaré con una vela encendida, la noche de San Juan en una cala cualquiera, para que la marea los arrastre al fondo de un mar del que no voy a volver nunca)

19 jun. 2010

Espejo, espejito… ¿Quién es la más…?

29 de abril.
Anduve de rondas toda la noche.
Me tocaba pagar la celebración; y pagué ¡¡claro que pagué!!
A solas frente a un espejo nada te engaña; te ves diáfana en la mirada de la otra. Te enseña las miserias, las equivocaciones, las soledades, los amores fallidos, ¡¡y los otros!! Que si no están ahí, es porque no los hubo.
¡¡Y pagas la primera ronda!!
La de los temores que no superaste, la de las mierdas a las que no te enfrentaste, la de la cobardía total, que por suavizar un poco, en aquel entonces llamabas ¡miedo!
Enciendes otra luz, por verte entera. (Yo no soy valiente, pero ella… ella sí lo fue, y habló.)
Habló de los depósitos de amor, a corto plazo.
Habló de aquellos pájaros de primavera fácil que se posaron en las ramas de mi cintura.
Ningún ángel, ningún hada, ni siquiera una mariposa blanca que me dejará 28 días espectaculares, por intensos, antes de irse. ¡¡Esta se la cobras al destino me la debe!!
Le pregunté a la mujer del espejo por un himno de mi vida. Ella tarareó aquel "mundo tras el cristal" de La Guardia
Le pregunté por un poema que me hubiese gustado escribir, y me recito “Quizá algún día” de Celsa Barja.
Le pregunté por el libro que me mató, me contestó sin dudar, “Escucha mi voz” de Susana Tamaro.
Le pregunte si recordaba aquel canto al dolor convertido en pintura, que me hizo pararme una mañana, en Santiago, cuando tenía 24 años, y asintió. “La colonna rotta” de Frida Kahlo.
(Esta también se la cobras al destino, el muy cabrón…)
Le pregunté por aquella peli que se me enquistó en el alma desde niña. Aquella… “Love Story” de Ryan.
¡Otra ronda de mi cuenta!
La del espejo a mí sólo me hizo una pregunta:
- ¿Quién eres…?.
Levanté mi copa de vino, para brindar con la pena
Desnuda de ropa y vestida de lágrimas apoyé mi frente en ella. Le pedí valor para una despedida elegante a todas mis añoranzas, le pedí… una respuesta, para los orígenes de mi fragilidad.
- Nadie…-respondí
Esa noche cumplí años. ¿Cuántos? No se… ¡todos!
Y… dejé de creer en el destino.
¡¡Pon aquí otra ronda soledad…
y que vuelva a correr de mi cuenta!!

13 jun. 2010

Amigas.

A Vanny, Esther, Txarki, Gely, Carmen… madres recientes.


A ti… que meces la cuna; a ti que todos los cánticos de nanas te fueron dados cuando germinó la vida en tu vientre.
A ti porqué te prendieron en los ojos los arrullos de todos los partos, de todas las madres, de todos los tiempos… mientras te crecía bajo las uñas, la protección de todas las lobas.
A ti porqué venero tus alas de ángel cuando te inclinas a amamantar.
A ti porqué admiro tu mano instintiva que sabe cómo llevar el pezón a la boca del monstruo, para que chupe gotas de historia y ofrezca a cambio eructos de armonía.
A ti… que nadie te enseñó a mecer la cuna… pero la meces.

11 jun. 2010

El Oso




Conozco la cueva en la que te escondes. Yo estuve, allí atada a su puerta mucho tiempo.
Vi el valle verdear un par de primaveras desde aquel portal oscuro. Y yo también ansié morir, sobre todo por que a ratos conseguía olvidar su rostro y su cuerpo, y no quería que las promesas de eternidad que había hecho con el, se me quedaran en el olvido. Eso me haría una persona menos íntegra. Aquel, como todos los amores, tenía que ser para siempre.

Y me fui a esconder al fondo de los recuerdos, ni la miel, ni las colmenas, ni las tardes de moscas y charcas retozando en las praderas me hacían mover de mi delirio oscuro.

Pero vino el tiempo. Amigo también de los osos. Y me puso una gotita de miel en los labios, y un panal algo más lejos. Un día cualquiera, levanté la mirada, y la cadena estaba rota. Debía decidir. Dejar mi cueva o seguir penando.

Quise seguir allí por si el volvía alguna vez. ¡Ilusa aún!.
No se puede perder la vida en una larga y agónica espera. No se deben guardar ausencias. Sólo vives una vez.

Pero eso lo se ahora que conseguí abandonar mi lastimera mortaja y quemar las cuerdas que ataban mi corazón y hacían de mi pensamiento una corriente angustiosa y constante hacia ninguna playa.
Aún así se que tu madriguera es oscura y fría.
Está en los valles donde paran todos los nómadas que aman sin hogar. Donde pasan todos los vientos que no salieron de la caja de Pandora y donde quedan los secretos que fueron únicos, pero los tuvimos todos.
Se cual es la cueva en la que te escondes. Yo estuve un tiempo … viviendo allí.

27 febr 2010 Vän Gariv no esta solo

5 jun. 2010

No perdono ... nunca perdoné

A Faruk:

La gata blanca asesinada que acompañó mi adolescencia.
A Faruk ... porque se la debo desde hace más de 20 años, y porque amé profundamente sus ojos, que en el último suspiro me dieron la rabia para vivir también lo injusto.
17 de abril 2010

Te puse Faruk … porque tu me lo pediste, mirándome a los ojos.

Voy a pecho desnudo, el corazón aun caliente por la rabia, a pesar del tiempo.
Ahora dejo que tu nombre llegue hasta mi boca y ya no me avergüenzo por aquella pena, dura como un dogal, que dejaste en mi vida una tarde de viernes.

Te pusieron en mis manos con unas semanas, ¿recuerdas?.
Fue la primera vez que mis dedos quinceañeros le dieron tranquilidad a otro ser que temblaba.
Me dijeron. “Es tuya”.

Comenzaste a seguirme escalera arriba, a tirarte valiente escalera, abajo, con mis risas ahogadas ante tus torpes tropezones.
Me seguías por el corral, por la huerta, por las cuadras.
Pronto necesité verte a mi lado y tu te ibas a los tejados.
¡¡ inútil llamarte jodida cabezota !!

Llegaron las mañanas de rebeldía.
Me convertí en una adolescente que comía nubes a todas horas.
Y tu conmigo.

Aquellos despertares terribles.
Me negaba a levantarme de la cama y quería matar a quien se atreviera a molestarme … tu ... te ponías tras los cristales de mi ventana a maullar desesperada …
¡¡¡cochina traidora confabulada con mi madre!!!.

Por más calcetines que te tiré no cediste.
Enfado para todo el día.
¡¡¡Quítate de mi vista Faruk .. que te crujo!!!.


Debí enseñarte a cazar pájaros … así quizá aquel día … el veneno ... yo no sabía cazar pájaros Faruk.

¿Recuerdas aquella tarde en las praderas verdes de junio, cuando fui consciente de ser mujer?.

Éramos adolescentes, las dos, deseosas de aventuras.
Yo estaba tirada entre la hierba alta, mirando pasar el cielo.
Nubes de tormenta, cigarras de canto perezoso, brisas inútiles en aquel verano tórrido … y el bochorno...
Tu me encontraste.
Te tumbaste conmigo como si no hubiese en el mundo un lugar más importante para ti que estar a mi lado.

Entonces cerré los ojos, soñé ventanas abiertas al sol.
Lánguida una de mis manos buscó acariciarte, la otra se deslizó lenta dentro de la cremallera de mi pantalón.
Tu ronroneabas sobre mi vientre juvenil como una promesa de placeres venideros.

¿Recuerdas Faruk? … las dos mariposas amarillas que se posaron a tu lado, y tu, con aquel desprecio infinito, las apartaste volviendo a cerrar los ojos …
¡que chula! ¡que vacilona!, ¡que joven eras!.

No estabas ya en los prados cuando me desperté, pero me habías dejado el recuerdo más bonito de mi vida contigo
( … y puede que también sin ti).

Te puse Faruk … porque tu me lo pediste mirándome a los ojos.

3 jun. 2010

Termitas en mi cerebro




Ahora … ya no creo en el destino.
Y sé ... que no tengo ángel de la guarda.
Temerosa de dañarte me quedé quieta; ahora, disgustada y sola camino entre la multitud buscando tu mirada ... o intentando alejarme de ti. No se.
Es como estar en una emboscada.
Maldiciéndome por no salir a tu encuentro como soy.
Maldiciéndote por hacer una fisura en mi coraza, para luego no entrar por cobardía.
Ahora ...
Me siento como un perro bastardo.
Sin un jardín para mis tardes.
Sin una perrera para mis noches.
Sin correa y sin un dueño al que lamer la mano.
Me siento ... tan vacía a ratos.
Y con estas termitas en mi cerebro, que ponen límites a mis días mejores y alargan sin piedad mis noches más taradas.
Ya no creo en el destino …

Mis noches



Esta noche pasada necesité amarte.

Ardía mi cuerpo por tenerte pegado.
Corrían versos por mi corazón hasta mojarme la entrepierna. El pecho se apretó con un deseo ardiente de lunas y palabras.
Mi piel abrió sus perfumes al juego de la seducción y las yemas de mis dedos eran plumas añorando el vello de tu pecho.

La carne de mi nuca se erizó como estambres ansiosos buscando polen nuevo y mis ojos que saben a tierra limpia buscaban los tuyos que son de agua clara.
Mis labios querían, desesperados, ser el recinto donde las lecciones de besos llegaran a la madrugada, querían derretirse … ahogarse con los “te quiero” que esta garganta mía no suelta casi nunca.
Mis genitales fueron un derroche de témpanos derretidos; ansiosos de ser completos como cuando tu sudabas en mi.
Esta noche pasada lloré soñando. Al despertar no quería vestirme.
Luego alguien dijo:
tienes ojeras - yo callé.
Esta noche pasada necesité amarte y tu no estabas.
Aún huelo a mujer desesperada por tenerte.