22 sept. 2010

Hombre rico. Hombre pobre

Como han cambiado los tiempos (que frase más original ¿eh?. Usada en todas las épocas de la historia como explicación del avance, como si fuera cosa de otros, “yo no quería”)

Recuerdo aquella niñez viendo un serial (luego esta palabra tan bonita derivó en telenovela, culebrón y serie. Un desastre)

“Hombre rico hombre pobre”. Todas queríamos por novio, noviete, pareja, amante, rollo, marido ó compañero de copa, a aquel hombrazo. Más pobre que un limonero de Pirineos, y guapo… guapísimo, como un limonero en Córdoba (licencias de la que escribe, perdonen la cutrez los afectados).

Era algo instintivo en nosotras, preferíamos (¡yo la primerita!) vivir arrastradas una vida de penurias y calamidades, pero unidas por lazos amoro-corporales a aquel hombre, que por supuesto, estaría enamoradísimo de cada una de nosotras. Sería un artista, dentro y fuera de la cama, y no conocería el abatimiento.

Ahora, el estado de refugio femenino (esto es de sobrada), ha cambiado hasta el punto de dar absolutamente igual si el macho que nos acompaña es recto y cabal, (reminiscencias de abuelo pobre) con tal de que vaya vestido de Dolce & Gabana, saque del bolsillo más de mil duros (que no son 50€, que son 30) para pagar nuestro café.

Es indiferente su cara. Cremas y depilaciones los han llevado al estatus de interesantísimos, aunque no sean ni muy guapos ni muy listos.

Y ahora os cuento que yo conocí a un galán de cada especie.

Uno rico riquísimo, con más de mil veces mil duros para mi café.

El otro rico riquísimo, (esto no lo explico señoras, que todas le echamos un vistazo goloso cuando los encontramos “ave raris” por las calles).

Lo que decía, en un rebusco de la memoria, todavía fuera de mi tiempo, escogí, ó me dejé conquistar, enredé ó me dejé enredar por mi galán recto y cabal.

Juré, por el rebaño de ovejas de mi padre, que era mi camino, mi dueño, mi futuro, la pelea de mi vida diaria.

Hoy creo, ¡desgraciadita de mi!, que equivoqué mi elección.

¿La culpa? . “Hombre rico, hombre pobre”.

Pues no faltaba más…


7 sept. 2010

Una lámpara para ti.


Llevas aun el misterio del útero en la mirada.

Cuando eras una semilla sin fecundar. Habías nadado, en noche amniótica hasta alcanzar la orilla de la matriz.

Romanas llenas de historias sin vivir atadas por el cordón umbilical a tu vientre.

Sonaba el verano sus últimas verbenas. Las tardes al fresco se cubrían ya con esos boleros sin botones que suspiran todo el año esperando cubrir los hombros en una tarde agradecida.

Tocaste el picaporte de la madre, como cencerro de oveja mansa y tranquila.

Perezosa decidiste dejar el ronroneo del agua en el vientre, para parirte sin prisa.

Mi vida, tengo miedo a no estar cuando tú crezcas.