2 ene. 2013

Ensayo breve sobre la crispación



Esta taza promiscua, en la que mi camarera del bar me pone el café cada mañana jurándome que es solo mía, me mira irónica.
Se que no es cierto, pero cuando me la llevo a los labios beso los bordes con reverencia, como si fuese la verdad más importante de mi vida y cumplo mi papel de rara  que ella tanto admira desde que me lo adjudicó.
Para que decirle que soy tan normal que doy pena. Que me gusta su café de cualquier manera, aunque ella se esfuerza cada mañana en afirmar que lo mejorará para mi.

No se lleva ser amable...por eso un día le echaré valor y me atreveré a decirle que la rara es ella en este mundo de gente antipática y "desaboria". Que me da igual si su café es bueno o malo...que yo pago gustosa un euro por su sonrisa sincera y su buenos días amable. Un precio minúsculo por un presente tan bonito.

Y lo que más me lastima el alma es saber que yo era como ella y ya me convirtieron a la religión de los crispados.