
¿Quién me pondrá un plato en la mesa?
¿Quién estirará una manta en alguna vereda del campo para cuando vuelva?
¿Quién encenderá mi lámpara… cogerá mi libro … y alisará mi cojín en sus rodillas?
No me hagáis caso. Ando un poco viuda de ánimo; pero mientras que el trigo siga madurando en el campo cada año, aquí todo irá bien.
Pienso… que en la próxima vida, todo me saldrá mejor.
En esta sólo fui una crisálida pretenciosa.
No os preocupéis, es que todo estaba escrito para mí, y aunque se arrepienta... ¡un Dios, no puede cambiar de idea!
PDT. No quiero flores. Llevadme pluma... y papel.