28 jun. 2010

Deberes para el verano

Olvidar que pasé de ser escuchada a ser el barro de sus botas.
Olvidar la necesidad de las conversaciones pendientes.
Olvidar que se quemó al sol por esperarme una tarde junto al río.
Olvidar sus manos y sus ojos.
Olvidar que se fue y regresó al tercer día…
Olvidarme de levantar la cara cada vez que la caracola me traiga su olor.
Olvidar mi frase zen.
Olvidar en un cajón los discos.
Olvidarme del teatro.
Olvidar el camino al balneario.
Olvidar Celorio, el sonido de los bufones y el artista de la alambre.
Olvidarme de que he perdido mi estrella del sur. ¿La habéis visto?

Olvidar la canción de Fito aquella vez…
Olvidar que una tarde entera desapareció de su vida y fue sólo mío.
Olvidar los ojos de aquel halcón de cetrería…
Olvidarme de regar la semilla de Ons.
Olvidar en que libro están plisadas las campánulas silvestres que me regaló en “el lago de los peces”.
Olvidar los celos que me dejaron frustrada, inquieta y confusa.
Olvidar que “para que el alma tenga arcoíris, los ojos han de tener lágrimas”
Olvidar un rencor, que ni entiendo ni merezco…
Para olvidar he de morir… ¡otra vez!
(Me voy, y mi único equipaje son los recuerdos que abandonaré con una vela encendida, la noche de San Juan en una cala cualquiera, para que la marea los arrastre al fondo de un mar del que no voy a volver nunca)

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