5 jun. 2010

No perdono ... nunca perdoné

A Faruk:

La gata blanca asesinada que acompañó mi adolescencia.
A Faruk ... porque se la debo desde hace más de 20 años, y porque amé profundamente sus ojos, que en el último suspiro me dieron la rabia para vivir también lo injusto.
17 de abril 2010

Te puse Faruk … porque tu me lo pediste, mirándome a los ojos.

Voy a pecho desnudo, el corazón aun caliente por la rabia, a pesar del tiempo.
Ahora dejo que tu nombre llegue hasta mi boca y ya no me avergüenzo por aquella pena, dura como un dogal, que dejaste en mi vida una tarde de viernes.

Te pusieron en mis manos con unas semanas, ¿recuerdas?.
Fue la primera vez que mis dedos quinceañeros le dieron tranquilidad a otro ser que temblaba.
Me dijeron. “Es tuya”.

Comenzaste a seguirme escalera arriba, a tirarte valiente escalera, abajo, con mis risas ahogadas ante tus torpes tropezones.
Me seguías por el corral, por la huerta, por las cuadras.
Pronto necesité verte a mi lado y tu te ibas a los tejados.
¡¡ inútil llamarte jodida cabezota !!

Llegaron las mañanas de rebeldía.
Me convertí en una adolescente que comía nubes a todas horas.
Y tu conmigo.

Aquellos despertares terribles.
Me negaba a levantarme de la cama y quería matar a quien se atreviera a molestarme … tu ... te ponías tras los cristales de mi ventana a maullar desesperada …
¡¡¡cochina traidora confabulada con mi madre!!!.

Por más calcetines que te tiré no cediste.
Enfado para todo el día.
¡¡¡Quítate de mi vista Faruk .. que te crujo!!!.


Debí enseñarte a cazar pájaros … así quizá aquel día … el veneno ... yo no sabía cazar pájaros Faruk.

¿Recuerdas aquella tarde en las praderas verdes de junio, cuando fui consciente de ser mujer?.

Éramos adolescentes, las dos, deseosas de aventuras.
Yo estaba tirada entre la hierba alta, mirando pasar el cielo.
Nubes de tormenta, cigarras de canto perezoso, brisas inútiles en aquel verano tórrido … y el bochorno...
Tu me encontraste.
Te tumbaste conmigo como si no hubiese en el mundo un lugar más importante para ti que estar a mi lado.

Entonces cerré los ojos, soñé ventanas abiertas al sol.
Lánguida una de mis manos buscó acariciarte, la otra se deslizó lenta dentro de la cremallera de mi pantalón.
Tu ronroneabas sobre mi vientre juvenil como una promesa de placeres venideros.

¿Recuerdas Faruk? … las dos mariposas amarillas que se posaron a tu lado, y tu, con aquel desprecio infinito, las apartaste volviendo a cerrar los ojos …
¡que chula! ¡que vacilona!, ¡que joven eras!.

No estabas ya en los prados cuando me desperté, pero me habías dejado el recuerdo más bonito de mi vida contigo
( … y puede que también sin ti).

Te puse Faruk … porque tu me lo pediste mirándome a los ojos.

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